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domingo, 8 de febrero de 2009

Frágil, diminuta…

Otoniel Guevara

No recuerdo tu nombre pero sé que es exacto
al fulgor de la tierra que enloquece veranos.
Conozco, en contraparte, tu sonrisa pequeña,
capaz de abrir oscuros corazones,
capaz de dispersar con sus alas menudas
los crueles abalorios del desastre.
Reconozco tu aroma como el vals
donde encuentran reposo los infiernos.
Y no es que haya perdido el caudal de tus ojos,
es que me ha extraviado el alegre apetito que canta en tu mirada,
y es la insensata cómplice de mi mala memoria
que me lleva a abrazar los escombros donde te vi sentada
e inclinarme ante el sol que hizo la luz
para tu cabellera de caballera andante.
Parecido es tu nombre. Yo te llamo incesante
cuando de noche mando a la luna a buscarte,
cuando de vida te rastreo en el arte,
cuando encarcelo en mis pulmones el aire
y en vez de pronunciar tu nombre que olvidé
verifico el misterio,
la certeza,
de saber que no sos un simple nombre,
sino,
simplemente un milagro.

Contracorriente

Otoniel Guevara

En mi infancia
monté en un río que me pertenecía

Me hacía creer que su aroma de piedra encantada
era como las simples palabras de mi madre

Lo contemplaba adquirir el color de las cosas
que iba resucitando:
una rama con hojas transparentes
la indecible alegría de mis compañeros
o el fresco ángulo errático de mi pie desnudo

Mi río me arrullaba a la hora del sueño
en lugar de mi madre

Hay ocasiones en que despierto
soñando con él

Y agradezco al agua el no haber aprendido a nadar nunca
De esa manera puedo naufragar en paz en la corriente
de mi interminable río perdido

No Apto Para Turistas

Otoniel Guevara

Qué escalofriante el infierno del que ama
Macabra
su noble efervescencia de condenado

Enfila alegremente hacia el suplicio
Entrega el corazón lleno de alas

Sus ojos se extraviaron para siempre
contemplando la belleza
de un paraíso
tan solo prometido

domingo, 22 de junio de 2008

PREÑÉZ


Otoniel Guevara

enterré mi testamento en tu vientre

ante la incertidumbre de los murciélagos

que no captaron la transfusión de palpitares
(cuando exhalabas mis huesos

el Universo

se hizo miles de versosy viceversa)
con un chorro de sangre y de viento

toqué tu frente de barro

para iniciar el ritualde la melodía
luego

buscamos la llamita verde

de todos los orígenes

e hicimos la luz